
Llegué puntual como pocas veces.
Eran las 17:20 de un día hermoso y soleado. Mucha paz.
Esperé unos minutos, y cuando llegó la hora exacta toqué timbre. Pregunté por ella...
Bajó a recibirme con una sonrisa en el rostro.
Cuando entramos a su departamento, no sabía muy bien cuál era el objetivo de la visita, ni qué ibamos a hacer allí. El ambiente era cálido y acogedor.
Me encontré con algo totalmente inesperado...un regalo para mi alma.
El inicio de mi camino y mi desarrollo espiritual.
A pesar de que cuando me fui de su casa sentía mucha paz, por la noche...y hace unos minutos nomás, volví a hacer lo mismo.
Estoy esperando aun; pero esta paz y el aprendizaje obtenido es mío. Me enriqueció totalmente.
Una luz para mi vida.

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